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Location: Madrid, Madrid, Spain

Monday, July 17, 2006

LA CIUDAD DE LA IGNORANCIA

Mirad a toda esa gente paseando por la calle, mirad sus caras, sus amplias sonrisas...No tienen ni idea, si supieran...Mirad la grandeza de los edificios, los tremendos rascacielos, cientos de Olimpos de cristal y acero dónde los dioses urbanos acudían a diario, donde cientos de personas sonrientes, confiadas de su éxito, felices con sus vidas, hacían girar las palancas que mueven el mundo.

Mirad también a las caras de aquellos hombres vestidos con un mono azul oscuro, sudando, cargando ladrillos, palas, picos y extravagantes artilugios mecánicos para levantar, poco a poco, día a día, un nuevo Olimpo. Y todos sonrientes, satisfechos de su esfuerzo, orgullosos del sudor que resbala por sus frentes tiñéndose del color negruzco de la mugre adherida a sus epidermis...

Mirad en los colegios, los niños jugando en el patio, riendo, saltando, corriendo, dejando escapar cascadas de carcajadas sonorosísimas...inocentes...y lo maestros, observándoles, sonrientes, felices, orgullosos de su labor. Mirad a los padres, el brillo de sus ojos al ver a su hijo o hija marcar un tanto jugando al fútbol con sus compañeros o saltando más que nadie a la comba. Observad sus sonrisas, los labios ligeramente abiertos, apenas dejando espacio suficiente para adivinar los dientes, los pómulos ligeramente levantados, los ojos muy abiertos, resplandecientes...tan felices, tan ignorantes.

Mirad a esos millonarios en sus deportivos carísimos, conduciendo lo más rápido posible por las carreteras, dejando que el aire les golpee el rostro a través de la ventanilla, sujetando por el hombro a una furcia rubia o pelirroja con los pechos de silicona a punto de reventar...y sus rostros reflejan felicidad, una satisfacción infinita.

Mirad a aquel hombre, tumbado entre cartones, bebiendo vino directamente del envase, rascándose las pelotas, acariciando a un chucho pulgoso...y sonriendo, sonriendo con la sonrisa más sincera posible...estúpido.

Mirad a esos jóvenes, cogidos de la mano, paseando, hablando, riendo, besándose apasionadamente, convencidos de que así será siempre, ajenos a todo lo que sucede a su alrededor, dejando que el fuego se avive hasta hacerles brillar los ojos, el rostro entero...tan crédulos, tan cándidos...

Yo sé la verdad, yo ya no me dejo embriagar por la falsedad de la vida, hace tiempo que deje de ser un ignorante...tengo cincuenta y cinco años y hace diez que conozco la verdad, hace diez que lucho, diez años de esfuerzo, de fingir sonrisas y esperanza, diez años de ilusiones que sabía imposibles...diez años luchando contra ese monstruo, contra ese parásito que devora la vida, diez años tratando de asesinar aquel tumor...aquel diablo disfrazado de enfermedad, escondido en su cerebro, protegido en su fortaleza...Diez años...¿para qué? Os lo diré en pocas palabras:

Nueva York
24 de Diciembre de 2004

Mary Mathews Prudhomme
(RIP)

Su marido John Mathews ruega
Una oración por su alma.

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